interludio (II)
Miércoles, Agosto 30th, 2006Os dejo con otro pequeño clip de un acantilado de Menorca, concretamente uno de los que rodea a Es Rafalet.
Os dejo con otro pequeño clip de un acantilado de Menorca, concretamente uno de los que rodea a Es Rafalet.
- Diego “ponme” una coca cola
- Hace calor, �eh?
- Si, además, sabes, hoy en el metro no chutaba el aire.
- Jo, que putada
- Pues si, pero me he alegrado la vista un rato
- ¿Y eso?
- En el trasbordo de Passeig de Gracia, en el pasillo ese tan largo, he estado todo el rato mirando a un chica que iba andando delante mio con un trajecito azul mÃnimo. El pantalón era tan corto que enseñaba los cachetes del culo, era más pequeño que unas bragas grandes. Ha sido todo un espectáculo. Rubia con una cola, morena de piel, seguro que de esas que se pasan el dÃa en la playa tomando el sol.
- ¿Guiri?
- No lo se. Solo me fijaba en como se movÃa su culo perfecto por debajo de su pantaloncito mÃnimo. Y por delante también debÃa ser un espectáculo porque los que se cruzaban con ella se quedaban mirándola, seguro que se fijaban en sus pechos, y por lo que podÃa ver no llevaba sujetador.
- Uff, toda una belleza.
- Si vestida de azul, daban ganas de probarla. ParecÃa un trozo de cielo.
- ¿Sabes que habÃa un helado de color azul?
- ¿Si?
- Si, se llamaba “pitufo”.
- ¿Y a que sabia?
- No lo se, nunca me apeteció probarlo.
Entre un viaje y otro y para que el abandono sea menor os dejo con un pequeño clip de la lluvia en Navarra, concretamente en Alzuza.
Hay truenos y pero no relámpagos porque resulta que son tímidos y no querían salir en el video.
Siempre has sido de las tres embrujadas la que más rabia me da. Siempre he pensado que era por tu piel blanquecina o tus labios indefinidos, siempre pintados en un rojo rosáceo tan indefinido como sus limites.
Y ahora te veo así, como una muñeca rota. Tan falsamente pelirroja como tus labios falsos son rojos pero esta vez si que son perfilados. Tan irreal como el plástico que te compone y los píxeles que te dibujan.
Ayudan las medias de rejillas, no lo dudo ni lo niego, fetichista que es uno. El detalle del roto que juegas con tu mano (lo mismo que la otra juega con tu pelo) potencia la sensación de que o evitas la mirada de su agresor, si te lo imaginas a la izquierda de la imagen, o esperas anhelante el siguiente round con esa mirada que se pierde por la derecha.
Y para completar la imagen, descubro tu nombre, rosa como tus labios indefinidos, y tu apellido de connotaciones celta, que un Mac siempre viste aunque seas una muñeca rota.
Justo cuando empezaba el verano más caluroso que recuerdo, ocurrió una de las cosas más curiosas que me han sucedido en mi corta vida como practico del puerto de Barcelona.
Al llegar a puerto y descargar la carga de mil toneladas de arroz del barco-granero HOPE, en el silo nº2 se descubrió el cuerpo de un hombre muerto. Se trataba de un hombre totalmente vestido (pero sin zapatos) y en un estado de conservación perfecto, con todos sus miembros, el pelo, los ojos y las uñas. Totalmente reseco. El cadáver mostraba una posición rÃgida, como si hubiera sido congelado justo en el momento de morir con los brazos estirados y la boca abierta en una gran mueca de pánico.
Después de la sorpresa inicial, los marineros del HOPE reconocieron al muerto como Pedro Márquez de Villahermosa, Tabasco (México). Marinero de primera y al que dieron por desaparecido justo antes de partir tal y como anunciaron a las autoridades portuarias de Dacca (Bangladesh).
La autopsia revelo que la muerte habÃa sido por asfixia y que el arroz se encargo de secar todas las vÃsceras, mucosas y tejidos en el momento posterior a la muerte favoreciendo el estado de conservación, como si de una momia se tratase. “Eso es debido al almidón del arroz”, remarco el forense. “De esta forma, el cadáver puede permanecer incorrupto más 500 años”, comento a un periodista de sucesos que se intereso en la noticia.
Dado cuenta del hecho a sus familiares (mujer y dos niños), la momia de Pedro Márquez fue adquirida (las malas lenguas dicen que comprada a buen precio a la viuda) por el Museo Nacional de AntropologÃa en Chapultepec, Distrito Federal (México). donde se puede visitar todos los dÃas del año (salvo lunes, siempre que no sean festivos) en la sala de las Culturas de Occidente en la sección de los Chupácuaros.
Cuando la madre abrió su costurero vio como todas sus bobinas de hilo (sobretodo las azules) estaban enredadas por una araña de goma de color rojo que alguien había colocado allí.
Cerro el costurero de un golpe y llamo a sus hijos.
“¿Quién ha metido esto en el costurero?”, pregunto enfadada pero ninguno de los dos pequeños respondió. “¿Ninguno?”, se impacientaba la madre, “Si ninguno de los dos me contesta y me dice quien lo hizo, os quedareis sin salir a jugar” Pero ninguno de los dos contesto. Al final la madre se resigno y los castigo “sin salir a jugar esta tarde y a ayudarme a desenredar todos los hilos del costurero. Ah y sin caramelos durante una buena temporada”
Así los dos niños-araña se sentaron con cara de muy serios mientras usaban cuatro de sus patas para desenredar bobinas de hilo (sobretodo las azules) Su madre siguió remendando parte de la telaraña que se había roto en la ultima noche mientras pensaba que tampoco le gustaba mucho que sus niños comieran caramelos con forma de araña. “Es como si las moscas comieran chuches con forma de mosca” pensó mientras una expresión de asco se dibujaba en su cara.
Posdata: Esta es la historia que he creado a partir de la semilla que dejo Maite en el I noConcurso Grafico. Espero que sea de su agrado, además la publico en el día de su cumpleaños (¿24?¿no?)
Llevaba allí tanto tiempo, tanto… ya no recordaba desde cuando, sólo recordaba haber estado allí siempre, en aquel cruce de caminos, sola. Era una gran roca con forma de monolito, su frontal estaba llena de inscripciones, ella ni tan siquiera sabía lo que significaban. Habido visto pasar mucha gente por el camino, la mayoría ni la miraban, otros se paraban a observarla sin entender nada, muchos eran los que habían dejado sus huella sobre su piedra echando a perder alguna de las inscripciones.
Era ya el atardecer, la luz empezaba a cambiar hacia el naranja, una sombra empezó a crecer desde el camino, alguien se acercaba, intento no prestarle atención, solo era alguien mas, alguien que llegaría a su altura y pasaría de largo. Intentó no prestarle atención pero no podía evitar mirarlo, no sabia porque. Cuando estuvo mas cerca se dió cuenta de que la miraba fijamente, se sintió desnuda y con ganas de huir, pero las rocas no huyen. Esperó.
Cuando el desconocido ya casi había llegado a su altura se detuvo un momento a contemplarla y luego se acercó. Empezó a soplar el polvo acumulado y a pasar sus manos por las inscripciones, la cara que hasta entonces había estado seria se iluminó. En algunos pasajes fruncía el ceño y en otro se reía sin parar, en todo momento tenía las manos sobre la roca. Al acabar se sentó apoyado sobre la roca, ella no lo pudo soportar más y se desmoronó, se vino abajo, cayó sobre el camino y se hizo pedazos.
El observó la escena y pensó que las rocas están acostumbradas a los golpes y al desgaste, pero ninguna roca esta acostumbrada a las caricias.
Posdata: La autora de este cuento es Carmen que acepto mi invitación a escribir una historia para la Augusta Biblioteca Pública.
De un salto llego al alféizar de la ventana. Había saltado mas de un metro y medio a unos 24 pisos de altura. Pan comido para una gata.
La ventana, como sabía, estaba abierta. El aire movía las cortinas de gasa azul oscuro y hacia que las motas plateadas brillaran de vez en cuando. Salto a una mesa y de allí al suelo. Solo el suave tintineo de una lampara de cristal acompaño estos movimientos.
El suelo era oscuro, de piedra semipulida, con vetas e irregular. Se acerco al sofá de cuero negro y se subió de otro salto. Fue hasta el rincón del mismo y se sentó encima del albornoz negro que estaba abierto encima del sofá. Se vio reflejada en un gran espejo que decoraba la pared principal del salón y que brillaba con los destellos de la luna llena. Se vio allí, sentada, como dibujada en ébano. “Toda una reina egipcia”, pensó.
De repente, aunque el aire se había detenido, sintió un escalofrío. Se estiro y dejo que con una suave contracción sus piernas crecieran. Su pelvis se estiro hasta formar unas caderas perfectas, su espalda se arqueo hacia atrás y sus hombros se abrieron. Sus brazos y dedos se estiraron mientras que sus garras se contraían en unas uñas pequeñas y afilada. Su cabeza se ergio mientras su cuello se estilizaba. Todo el pelo negro desapareció de su cuerpo mientras el de su cabeza se alargaba en una cabellera lisa y negra. Sus bigotes se escondían en su labio superior y sus pupilas se redondeaban en una pequeña esfera de color negro.
Sintió frío y se tapo con el albornoz mientras con la punta de la lengua noto el sabor de la sangre seca en sus labios. Sonrió.
María quería tener un hijo. Lo quería con toda su fuerzas pero no se quedaba embarazada. Un día decidió acercarse a la ermita del pueblo y rezar a la patrona de su pueblo: Santa Ana.
Se paso todo el día rezando, sin comer ni beber. Rezó y rezó y prometió a la santa que si conseguía quedarse embarazada le pondría su nombre.
A los dos días se quedo embarazada y a los nueve meses dio a luz. El doctor le puso sobre su pecho un precioso niño. En aquel momento María se acordó de su promesa.
Los días pasaban y María cada vez se veía mas y mas nerviosa ya que pensaba que tenia que cumplir su promesa: poner el nombre de la santa a su hijo. Un día decidió volver a la ermita a rezar a la santa. Justo cuando se arrodillo y miro la talla de madera de la santa su mente se ilumino y encontró el nombre para su hijo: Anacleto.
Anotación al margen: Este cuento es una versión reducida de uno que escuche hace mucho tiempo por la radio y del cual desconozco su titulo, su autor o origen.