Llevaba allí tanto tiempo, tanto…

6 agosto, 2006 :: 10:01 | Esto es puro Tales' Weaver

Llevaba allí tanto tiempo, tanto… ya no recordaba desde cuando, sólo recordaba haber estado allí siempre, en aquel cruce de caminos, sola. Era una gran roca con forma de monolito, su frontal estaba llena de inscripciones, ella ni tan siquiera sabía lo que significaban. Habido visto pasar mucha gente por el camino, la mayoría ni la miraban, otros se paraban a observarla sin entender nada, muchos eran los que habían dejado sus huella sobre su piedra echando a perder alguna de las inscripciones.

Era ya el atardecer, la luz empezaba a cambiar hacia el naranja, una sombra empezó a crecer desde el camino, alguien se acercaba, intento no prestarle atención, solo era alguien mas, alguien que llegaría a su altura y pasaría de largo. Intentó no prestarle atención pero no podía evitar mirarlo, no sabia porque. Cuando estuvo mas cerca se dió cuenta de que la miraba fijamente, se sintió desnuda y con ganas de huir, pero las rocas no huyen. Esperó.

Cuando el desconocido ya casi había llegado a su altura se detuvo un momento a contemplarla y luego se acercó. Empezó a soplar el polvo acumulado y a pasar sus manos por las inscripciones, la cara que hasta entonces había estado seria se iluminó. En algunos pasajes fruncía el ceño y en otro se reía sin parar, en todo momento tenía las manos sobre la roca. Al acabar se sentó apoyado sobre la roca, ella no lo pudo soportar más y se desmoronó, se vino abajo, cayó sobre el camino y se hizo pedazos.

El observó la escena y pensó que las rocas están acostumbradas a los golpes y al desgaste, pero ninguna roca esta acostumbrada a las caricias.

Posdata: La autora de este cuento es Carmen que acepto mi invitación a escribir una historia para la Augusta Biblioteca Pública.

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