Yo, anoréxico (cuento inconcluso)

19 agosto, 2007 :: 12:21 | Esto es puro Tales' Weaver

¿Queréis saber como me convertí en anoréxico?

Un día decidí que a partir del día siguiente no comería más. Así de simple. Una decisión como otra cualquiera.

Pesaba unos 20 kilos por encima del llamado peso ideal y no me gustaba cuando me miraba al espejo, cuando me sentaba, cuando me estiraba en la cama, cuando me miraba en un foto, cuando me masturbaba. Me repugnaba mi cuerpo. Y tome la decisión, no comería más.

Después puedes justificar la decisión como mas te apetecezca. Los kilos extras te perjudican a la salud: colesterol, azúcar, problemas coronarios, eres menos activo, los huesos y tus articulaciones se resienten. Eres menos apetecible físicamente y te conviertes en un espécimen no apto para la reproducción, es más: te cuesta encontrar trabajo, mantener el que tienes o ascender o conseguir un aumento de sueldo. Y tu cerebro se embota, se convierte en algo tan pesado como tu cuerpo, tiendes a la depresión, lo del gordo contento y feliz es mentira, los gordos no son más felices sino más apacibles porque la ira y rabia gastan calorías y el cuerpo de los gordos esta entrenado para no hacerlo.

Así que al día siguiente no comería nada, ni al otro, ni al otro. Solo agua.

Al levantarme recuerdo que estaba contento, me salude en el espejo y me dedique una de mis mejores sonrisas y me despedí: adiós. Podría decir que te echare de menos pero no es así.

El primer día fue fácil, solo tuve hambre a horas intempestivas, a eso que se llama “comer entre horas” o “picar”. A media mañana, a media tarde pero no a la hora del desayuno o de la comida. La hora de la cena fue la mas complicada de superar y la noche. La primera noche, en la oscuridad, dentro de la cama el estomago empezó a reclamar su dosis de comida. Como el que rellena crucigramas y autodefinidos para tener ocupado su cerebro. Conseguí dormirme.

Al día siguiente fue mejor. Las horas pasaban tranquilamente y aunque el estomago seguía quejándose a destiempo, yo seguía bebiendo solo agua. Y al final de la noche no sentía nada, ni ansiedad, ni retortijones, el estomago ni siquiera se movía. Se había calmado, relajado totalmente. El tercer día fue el más feliz de mi vida, en ningún momento sentí hambre o ganas de comer. Simplemente podía pasar sin comer.

Eso es lo que pensaba, justo cuando me desperté y me senté en el lavabo a hacer de vientre. Justo empecé a defecar mi estomago pareció volverse del revés. El dolor fue tan intenso que me caí al suelo, aun así estirado en el suelo frío mi cuerpo ardía. Empecé a vomitar a la vez que seguía defecando un liquido que no se podía llamar heces.

Todos mis jugos gástricos, todos los restos de mis digestiones pasadas, toda mi flora intestinal, bilis y salían por mi ano y por mi boca, dejándome vacío, quemándome. Incluso después de vaciarme por dentro seguía teniendo espasmos y arcadas, al final me desmaye teniendo contracciones.

Amanecí rodeado en un mar agrio y maloliente con calambres en mi estomago. Al ponerme de pie crují, todas mis articulaciones y todos mi órganos parecían bolas de papel. Simplemente me deje caer en la ducha y abrí el agua fría. Deje que el agua me regara y me limpiara el cuerpo aunque cada gota era una aguja helada que dejaba un rastro como de metal fundido.

Ese día no pude nada mas que llegar a la cama y quedarme en posición fetal, respirando poco a poco, como un gusano dentro de su capullo de seda aunque en mi caso en vez de hilos de fino tacto mi capullo estaba hecho de sudor frío y maloliente. Lloraba. Después de llorar todo el día ya no tenia ningún tipo liquido dentro de mi.

Y me volví a desmayar. En mis sueños aparecían nubes de tormenta, relámpagos y truenos que me hacían temblar y volar de una lado para otro. Cada vez mas fuertes, cada vez mas lejos, hasta que por fin uno de ellos me destrozo en mil pedazos. Supongo que mi cuerpo envió al cerebro la noticia de que había muerto y mi cerebro me lo hizo saber con titulares y dolbysorround.

Amanecí y a mi alrededor todo parecía nuevo. Los colores y los olores de las cosas eran diferentes. Probé a erguirme y me pude sentar sin dolor. Mi cuerpo desnudo reacciono al frío y todo yo temblé, pero se paso.

Me levante, fui al lavabo y me mire al espejo. Tenia la cara marcada por las ojeras y después de cinco días sin comer se empezaba a notar algún signo de delgadez. Me acerque a la cocina y me llene una jarra de agua. Bebí un sorbo y no paso nada, bebí un poco mas y al final poco a poco pero sin pausa acabe con toda la jarra. No paso nada, salvo que mi estomago dejo pasar todo el contenido y relleno todos los huecos de mi intestinos como si fueran unas cañerías viejas. Mi uretra se lleno y sin querer me mee. Pero no hubo dolor.

Los días siguiente pude controlar mi pipí y podía beber agua sin despertar al monstruo del hambre. En esos días empecé a sentirme mejor. Mi cuerpo empezó a utilizar sus reservas y a optimizar su consumo. Estaba más despierto y más rápido que nunca.

Pero empezaron otros problemas.

Lo primero fue decidir que podía o no podía hacer. Estaba claro que solo podía beber agua, nada de alimentos sólidos ni zumos, refrescos o infusiones. Pero, ¿podía usar el champú enriquecido con siete vitaminas y minerales que retrasaban la caída del pelo alimentándolo desde las raíces?¿y el gel al te verde?¿y la pasta de dientes con flúor y calcio?

Después como poder evitar situaciones que implicaban comer: los desayunos en la empresa, las comidas familiares, el quedar para tomar unos pinchos, la cerveza o el combinado en la discoteca. No podía permitirme esas situaciones y empecé a crear toda una telaraña de excusas y respuestas para evitar todo ese tipo de situaciones. Fue de forma tan natural que nadie se dio cuenta que en varios meses no me habían visto comer. Es verdad que tuve que dejar de frecuentar ciertas amistades (gordos obesos obsesionados con el comer) y que no podía permitirme relaciones intimas salvo encuentros fortuitos y esporádicos (igualmente al mes de no comer ya no eyaculaba ya que mi cuerpo decidió que generar semen era una perdida de recursos necesarios)

Perdí peso, primero de forma estable. Cada semana perdía unos 750gr. Después de perder 15 kilos, me estanque. Mi cuerpo no podía mantener la perdida de peso y seguir en marcha cada día. Empecé a notarme enfermo, cansado pero a la vez sufría de insomnio. Seguía perdiendo peso de forma residual. En unos ocho meses perdí mas de veinte kilos. Pero ya era demasiado tarde, decidí seguir sin comer y nunca mas recuperar gramos perdidos…

5 comentarios en “Yo, anoréxico (cuento inconcluso)”

  1. Noelia comenta:

    Es un cuento de terror. Pero inacabado.

  2. Barbarita comenta:

    Cierto, da miedo. Y me gusta mucho como lo estás contando.

    Te dejo un beso (hacía tiempo que no pasaba).

  3. dvd comenta:

    Pues si, se podía calificar de relato de terror… la verdad es que lo escribí mientras estaba inmerso en la lectura de Nana y Fantasmas, así que no me extraña que tenga ese tono.

    >> Noe, espero acabarlo en algún que otro momento…

    >> Gracias por el beso Barbarita y yo te voy siguiendo en tu blog aunque no te comente :);)

  4. Raquel comenta:

    dime que todo eso es mentira…, por favor.
    “dejaba un rastro como de metal fundido”. Esas frases son tan tuyas como que te llamas Picó…

  5. dvd comenta:

    Iba ser malo y decir que no podía contestarte porque estaba demasiado débil o que ya había superado esa fase de mi vida… pero no lo seré :) Todo es mero artificio pero al escribir en primera persona es normal que mi voz se cuele por las rendijas del cuento…

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