El sábado me explicaban una anécdota (bueno el sábado me explicaron varias de anécdotas pero no todas son graciosas y ahora que la pienso esta que voy a contar tampoco tendría que serlo pero como suelo reírme de todo…) sobre una situación que supongo deben dar más habitual de lo que pensamos.
Vamos al grano… (los nombres y las identidades han sido cambiados para salvaguardar la intimidad de los protagonistas)
La situación es la siguiente: un tipo se acerca a comprar una tarjeta multiviajes a la estación del metro y siguiendo el proceso impuesto (ahora para comprar billetes y/o tarjetas te debes dirigir a las maquinas automáticas) se acerca a la maquina para darse cuenta que no puede pagar la tarjeta porque los últimos cinco céntimos del precio los tiene que pagar en monedas de un céntimo… pero la maquina no los acepta. Sorprendido (aunque es consciente que muchas de las maquinas expendedoras no aceptan las monedas de uno o de dos céntimos) se acerca a la cajera, operadora,.. (no se como se llama el cargo de la gente de las estaciones de metro) y le dice:
- Perdona, quiero comprar una T-10 pero no puedo porque la maquina no acepta monedas de un céntimo.
- Si es verdad – la chica le mira con cara de palo, cerrando el periódico que estaba leyendo en la garita- tampoco de dos, tienes que usar monedas de cinco céntimos o superiores.
- Ya lo he visto, pero es que no tengo más monedas de cinco céntimos.
- Pues yo no tengo cambio – y abre el cajón de la caja para mostrar que esta vació -
- Pues entonces véndeme tu la tarjeta, no necesito cambio.
- No puedo, tienes que comprarla en la maquina
- Ya pero la maquina…
- Ya – la chica le mira y bufa por primera vez, pero no dice nada más. Pasan unos segundos.
- … esto… – el chico hace un ademán con las manos indicando que tiene prisa – ¿qué hago? ¿Me cuelo?
- No, hombre, no. ¿No tienes otra forma de pagar la tarjeta?
- No
La chica vuelve a bufar y repite la mirada de animal deslumbrado por los faros de un camión en plena noche
- Pues no se…
- Pues llama a alguien que lo sepa, tu coordinador o lo que sea.
- Es que las maquinas no aceptan las monedas…
- Ya, pero ¿qué pasa? ¿Es qué mi dinero no es de curso legal?
La chica vuelve a mirar al hombre y se levanta de la silla. Deja el periódico y de mala gana se va a un lado de la garita. Abre una bolsa, saca un monedero y vuelve a la ventanilla.
- ¿Qué necesitas, una moneda de cinco céntimos?
- Si
- Pues toma,- y pone una moneda en la boca de la ventanilla- pero que sepas que este es mi dinero y no tengo por que usarlo.
- Pues yo te lo agradezco pero no es culpa mía que tengas que hacer este tipo de favores – el chico pone una mueca picara en su boca- y creo que tendría que hacer una queja o algo parecido.
- Pues si, y eso no se hace aquí – la chica se queda un poco parada cuando el hombre se ríe y se da cuenta que ha demostrado que lo único que quiere es que la dejen tranquila y leerse el periódico de una vez.
Al final el hombre saco la T-10 se despidió de la cajera y pillo el metro con un breve retraso de quince minutos.
Por ahora no ha realizado la queja formal y yo dudo que la haga pero supongo que la próxima vez no intentara usar monedas de uno o dos céntimos en la maquina. O si.
Posdata: La foto que ilustra el post esta sacada del grupo Metro de Barcelona del Flickr. Y es una de las tipicas salidas en una estación del metro de Barcelona.