Archive for the 'Tales’ Weaver' Category

de cuando la princesa Frambuesa quiso salir de fiesta

Lunes, agosto 25th, 2008

-¿Verde? – exclamo la vieja ayuda de cámara oficial de la princesa Frambuesa.
– Si verde, has oído bien – repitió la princesa, sabia que podía provocar un ataque al corazón a su sirvienta así que lo dijo firmemente pero sin elevar la voz
– Pero… – de las cosas que había imaginado que la princesa podía pedirle esa era de las pocas que nunca había ni soñado.
– Verde amazónico, todo el pelo. – repitió Frambuesa que empezaba a dudar que sus sirvientes se atreviesen a hacerlo. – Mi madre esta de acuerdo – esto era una verdad a media porque la reina estaba de acuerdo en que se tiñese el pelo pero no sabia el color.

Malva respiro una, dos, tres veces y cerro los ojos para un segundo abrirlos con una mirada sin rastros de duda. – Ya habéis oído, la princesa quiere teñirse el pelo de color verde amazónico, a que estáis esperando. – Al oír esas palabras todas las ayudantes de cámara se pusieron a trabajar como si de golpe la idea de teñir el pelo fuera la única que ocupara sus vidas, anhelos y pensamientos (y así era en parte)

Dos horas después la larga cabellera de la princesa Frambuesa lucia un color verde profundo y con sombras aun mas verdes que nunca se había visto en una de las cabelleras de los Scree Wee. La princesa Frambuesa no dejo de mirarselo en el espejo de mano hasta bien pasados diez minutos. Solo entonces lanzo un grito (corto y bajito) de triunfo. Su ayuda de cámara la miraba con una mezcla de miedo, pánico y terror.

– Y ahora que va ha hacer la princesa – pregunto con la voz temblorosa.
– Voy a salir – dijo Frambuesa mientras se dirijia a sus habitaciones.
– ¿A salir?¿Donde? – Malva abrió los ojos como platos mientras seguía a su niña por las diferentes salas que formaban el aposento real.
– A fuera, no se, a dar una vuelta… – dijo sin dar importancia a sus palabras y añadió- … y tomar algo.
-¿Dar una vuelta?…¿Tomar algo?… ¿Qué algo?- la cosa era grave pensó la ayudante, esto es el fin del mundo tal y como lo conocía.
– Ya sabes tomar algo, una copa, en compañía – Frambuesa no se paro y no dejo que su vieja ayudante viera las dudas que acompañaban sus palabras.
– Pero, los cortejos y demás actos sociales se hacen aquí en el palacio… – esgrimió ……. – Como el baile de primavera, él del renacimiento ¿no te acuerdas mi niña de lo divertido que fue? – la alusión a los recuerdos y a sus emociones eran lo único que se le ocurría como arma contra la decisión de la cría.
– Este va a ser un acto social diferente – dijo Frambuesa sonriendo y cerrando la puerta de su cambiador tras de si.

Dos horas después, Frambuesa se metía en uno de los coches oficiales de la familia real y le tenia que repetir tres veces al chófer que quería ir fuera de los limites de palacio. Tampoco sabia muy bien donde ir pero simplemente pensó que ya decidiría cuando lo viera.

– Llévame a un sitio donde pueda estar tranquila, rodeada de gente y poder pasar un rato agradable – dijo al chófer, un scree wee maduro pero con un físico todavía destacable.
– Pero majestad esto es muy irregular, yo no se… – aunque quería evitarlo su voz tembló – no se si esto estaria aprobado por el servicio.
– El servicio esta al corriente de esta salida y esta todo aprobado. Además yo asumo toda la responsabilidad.
– Ya, señorita, pero entienda que usted no puede asumir esa responsabilidad.
– Entonces me iré yo sola – Frambuesa acompaño sus palabras con el gesto de abrir la puerta y miro al chófer a través de retrovisor, sus miradas se cruzaron.
– Eso no sera necesario – dijo el chófer parpadeando y encendiendo el coche. Frambuesa sonrio y miro sus manos y levanto la cabeza haciendo que su melena se apartase de su cara – Y de mientras podría explicarme a que se debe su color de pelo.

Después de un breve recorrido que la llevo desde la colinas donde se encontraba el palacio hacia el centro de la ciudad. A Frambuesa le pareció que todo brillaba mas y que la ciudad estaba llena de vida. Respiro hondo y se acerco mas al cristal opaco de la ventanilla.

– Señorita, este es el local que mas se parece a lo que me dijo – el chófer se giro en su asiento para mirar de cara a la princesa.
– Bien, gracias – Frambuesa miro la puerta del local y el letrero de neón y dudo un segundo.
– Si quiere la puedo acompañar para entrar, luego me sentare en un lugar separado de usted pero lo suficientemente cerca para ayudarla si tuviera necesidad de algo.
– Si, eso estaría bien – Frambuesa abrió la puerta y espero que el chófer se pusiera a su lado. Los dos se acercaron y el portero les sonrió mirándolos de forma profesional pero un poco descarado.

– Bonito pelo y bonito traje. Bienvenidos y disfruten – dijo el portero abriendo el paso al local.

Detrás de la puerta la música estaba muy alta y la luz muy baja. Frambuesa se quedo justo antes de empezar a bajar a la escalera que llevaba a la sala principal, el chófer se paro a su lado.

– Tranquila, simplemente se trata de pasar un rato agradable, rodeada de gente y estar tranquila – dijo mirando a la gente de local y volviendo a mirar a Frambuesa.

La princesa se movió y bajo las escaleras. El local no estaba completamente lleno pero tampoco estaba muy vacio. El chofer vio un sitio perfecto justo al fondo del local y se lo indico a la princesa.

– Allí estaremos bien y si quiere le puedo acompañar al menos en la primera copa – dijo acercándose para que la princesa pudiera escucharla – luego la dejare sola si quiere.
– Esta bien – Frambuesa estaba un poco superada por el local pero pensaba que en breve se acostumbraria.

Lentamente y sorteando a la gente que bailaba, hablaba y se tocaba llegaron a la esquina que el chófer había indicado. Desde allí se veía todo el local. Frambuesa se sento y se quedo quieta durante unos largos minutos mirando. El chófer la miro a ella y cuando esta le devolvio la mirada sonrió.

– ¿Quiere algo para beber? – dijo de forma segura.
– Si… pero… – Frambuesa se quedo un instante mirando la mesa
– ¿No sabe que pedir? – el chófer sonrió y confirmo lo que estaba pensando desde hacia un rato. – No se preocupe esta primera copa la pido yo – se levanto y antes de irse a la barra se giro – Pero no se vaya todavía, eh.
– Tranquilo, todavía estaré un rato por aquí.

El chófer volvió en un abrir y cerrar de ojos con dos copas no muy grandes pero atrayentes. La bebida era de un tono anaranjado virando a rojo.

– Un sunset, un clásico. Cuando no sabes que pedir pides un sunset – el chófer dejo las copas en la mesa delante de la princesa. Al segundo cogió la suya y se bebió media de un largo sorbo.

La princesa le miro y cogió su copa y mirando a la pista se bebió casi toda la copa a sorbos cortos y tímidos. La volvió a dejar y casi de seguida la cogió de nuevo y se la acabo con un trago largo y confiado.

– No hace falta que tenga prisa, podemos estar mas rato -dijo el chófer.
– Ya lo se, pero estaba sedienta y estaba muy bueno. ¿Puedes traerme otro? – Frambuesa se golpeó las rodillas ritmicamente y no miró a su acompañante para dar fuerza a su petición.

El chófer se bebió el suyo de un trago y volvió a ir a la barra. Cinco minutos después había dos sunsets más en la mesita. Veinte minutos después la princesa iba por su tercer sunset.

– Dime ¿qué lleva el sunset? – dijo intentando fijar la mirada y los oídos en el chófer.
– Realmente no lo se. Solo se que esta bueno y que la combinación de alcohol es agradable a la mañana siguiente.
– Si que es agradable – Frambuesa miro toda la sala con un giro de su cabeza y vio como un mechón de pelo verde le caía por encima de su hombro. Sonrió. De repente algo se giro en su cabeza y su estomago. Soltó un poco de aire por la boca y vio como todo se mareaba a su alrededor. Se apoyo en el respaldo acolchado y miro al chófer.

– ¿Se encuentra bien? – pregunto el chófer con un tono monótono y una especie de sonrisa en la boca.
– Si – dijo la princesa intentando parecer mas firme de lo que se sentía – solo es que me he mareado un poco, supongo que la calor. Hace mucha calor aqui, ¿no?
– Si, si quiere podemos salir a que nos de un poco de aire e ir a otro sitio.
– Eso estaria bien… si… salgamos.

Frambuesa se intento levantar y le costo menos de lo que se imagino. El chófer la había cogido del brazo y firmemente la llevo hasta la escalera y la puerta de salida. A fuera no hacia menos calor pero parecía que si. La acerco al coche y la apoyo en el. Frambuesa se sintió segura y muy cansada. El chófer abrió la puerta y la dejo medio tumbada en el asiento trasero. La princesa se durmió. El chófer cerro la puerta y saco el movil de su chaqueta.

– ¿Malva? Soy yo, Índigo – el chófer se quedo callado un momento y respondió – Si Frambuesa esta bien, esta durmiendo en el coche…. Ha ido todo bien…. Fue como tu dijiste, tres copas y cayo rendida… No la pobre no sospecho nada… ¿Yo? Bien gracias, los míos eran sin alcohol, estoy de servicio, ¿recuerdas? – el chófer se toco la corbata y el traje mientras la otra persona pudiera verlo mientras hablaban- … La pobre tendrá mañana una resaca de campeonato…. Ahora mismo vuelvo a palacio… ¿Qué?… ¿Como que tienes una idea?… ¿Que si puedo pasarme la noche en vela? Si es necesario, claro… Entiendo… Si puedo hacerlo pero me parece un poco arriesgado… Bueno tu la conoces mejor que yo… Sin duda hacerla dormir en unos cartones seria la guinda… De acuerdo, te llamo de aquí media hora y te cuento como ha ido.

Índigo cerro el móvil y miro alrededor. Rápidamente junto unos cuantos cartones en bastante buen estado y preparo una especie de colcho. Se acerco al coche y suavemente cogió a Frambuesa y la dejo sobre los cartones. Le arreglo el pelo verde y la tapo con cuidado. Con voz muy bajita dijo – Niña, sin duda durante mucho tiempo no querrás salir más de casa.

II noConcurso Gráfico

Anotación al margen: Este relato es el noPremio a Pigmalión por ser el noGanador del II noConcurso Grafico Sin duda esta es una de las cuentas pendientes más pendientes de este blog y es digno comentar que el relato en cuestión ha sido uno de los mas entretenidos de hacer, :);):P

los huevos de Tio Paco

Sábado, agosto 16th, 2008

La idea es tan sencilla que puede parecer una mala idea pero a Paco Padros (más conocido por todos como Tio Paco) le pareció una idea tan buena que nunca se dio la oportunidad de pensar otra cosa: montar un restaurante cuyo plato principal fuera los huevos fritos.

Es verdad que la idea original no fue esa (Paco Padros simplemente quiso abrir un restaurante) que ayudo mucho la buena fortuna (que el local elegido resultara años después no bombardeado durante la guerra y que se convirtiera en una de las esquinas más valoradas dentro del centro histórico y político de la capital) y las horas y horas de trabajo no remunerado (de él y de su mujer Dorotea Diaz) delante y detrás de los fogones administrando, comprando, preparando, sirviendo, limpiando y si hacia falta cocinando. Pero a Tio Paco le gustaba decir que simplemente pensó en montar un lugar donde se pudieran comer los mejores huevos fritos del mundo.

Originalmente en la carta (una escasa carta de cuatro primeros, cuatro segundos y dos postres) los huevos fritos eran solo uno de los cuatro segundos pero veinte años después la carta se reelaboro hacia el huevo como materia primera (escalfados, duros, en revuelto o en tortilla) y actualmente cerca del 90 aniversario del restaurante Tio Paco, los huevos fritos son la estrella indiscutible y en la carta aparecen una serie de diez especialidades que rallan la exquisitez culinaria de la llamada nueva cocina creados sin ningún tipo de vestigio de huevos en ellas. El restaurante cuenta ademas con una de las bodegas mas reconocidas del país y elementos como el pan, la cubertería o la manteleria son exclusivos.

Y es ahí donde se halla la grandeza de la sencillez. En Tio Paco hacen huevos fritos pero han llegado a la perfección.

Los huevos son propiedad del restaurante desde muchos antes de que la gente se lo pueda imaginar ya que hace muchos años (no tantos como ahora le gusta decir a su actual dueño1) el restaurante compro una granja de gallinas que han sido seleccionadas eugenesicamente para poner los mejores huevos, criadas en libertad y con las mejores técnicas y los mejores especialistas del sector.

El aceite de oliva (de una gradación y calidad guardada escrupulosamente por la dirección del restaurante) también es exclusivo del restaurante y esta controlado por el hermano de Paco por medio de una empresa que controla un complejo de cooperativas, almazaras y distribuidoras a nivel internacional de este producto.

Y la sal, que según los entendidos es el elemento mas nimio por lo incontrolable que es (esto es por que todavía piensan que se pone sin medida por el cocinero justo antes de servir el huevo y no saben que en Tio Paco hace tiempo que usan sal servida en sobrecitos individuales cerrados al vacio que aseguran la cantidad y la calidad de la sal usada en cada huevo) esta elegida en seis diferentes orígenes, mezclada, tratada y envasada en una pequeña fabrica que tiene la familia en un lugar indeterminado de la costa norte del país.

Así cada huevo frito que se hace en Tio Paco es una amalgama de ciencia, técnica y economía (aunque el slogan de hace quince años del restaurante era “el arte del huevo frito”) destilado hasta la esencia durante tanto tiempo (no hemos hablado del acto en si de cocinar el huevo frito, algo tan estudiado y medido como la antigua alquimia monástica) que ningun otro restaurante o particular puede conseguir o intentar imitar.

Pero el hecho es que cada noche se sirven mas de un centenar y medio de huevos fritos perfectos y que Tio Paco tiene una lista de reservas de mas de quince dias (no es un local pequeño o exclusivo) aunque siempre hay una mesa (o dos) en los reservados para clientes exclusivos para que puedan degustar sus huevos fritos en la intimidad, otro detalle (orquestado por el hijo de Tio Paco) que ayudo en los tiempos de la posguerra a que el restaurante adquiriera fama y clientela exclusiva entre los prohombres del régimen (Tio Paco, que lucho en la guerra en el bando republicano aunque este es un detalle que muy pocos conocían, tenia su pequeña venganza personal escupiendo en los huevos que iba a servir el mismo a estos clientes con su mejor sonrisa)

Y es asi como un pequeño restaurante (Tio Paco no tiene sucursales o franquicias, idea rechazada por el Tio Paco desde el boom de locales imitadores que durante la epoca de los setenta llenaron las ciudades de todo el pais con una calidad como mínimo cuestionable)que se basa en algo tan habitual como un huevo frito (aunque actualmente y como recalco el slogan de los años noventa “¿desde cuando no te comes un buen huevo frito” ya no es un plato de consumo tan habitual) es la base de una situación económica boyante de una familia (el núcleo de los Prados son actualmente unos treinta y dos miembros) repartido entre el restaurante, la granja de gallinas, el aceite y la sal (y la panificadora que crea el exclusivo pan para mojar en los huevos o las granjas donde se cultivan las verduras para los acompañamientos y ensaladas) y que gracias a un envidiable plan de inversiones (la participacion de los Prados en bancos, constructoras, electricas e incluso un equipo de futbol que actualmente esta luchando por el ascenso a primera) actualmente ocupa el octavo puesto en el ranking de economías mas importantes del país.

1 El actual dueño es el tercer Paco Padros de la familia, nieto del conocido como Tio Paco e hijo de Paco Padros Junior o de como todo el mundo le conoce (aunque ahora cuenta con mas de 80 años) Paquito. A él le gusta que le llamen Paco y a su único hijo le ha puesto el nombre de Ruben.

Anotación al margen: Este relato es el noPremio a Dani por ser el noGanador del IV noConcurso Grafico :);):P

Eva “la sorda”

Viernes, agosto 8th, 2008

Cuando Eva “la sorda” disparo por primera vez tenia 14 años y todavía le parece mentira que fuese tan fácil. Simplemente levanto el arma y apretó el gatillo. BLAM.

Ella no oyó nada más que un sonido apagado, como cuando golpeas la pared con una toalla mojada. BLAM.

La pistola le entumeció un poco la mano, le pareció que su mano se había quedado sorda como sus oídos.

Disparar fue así, fácil y sordo.

Eva empezó su flamante carrera como pistolera y rápidamente se convirtió en una leyenda.

Se llama Ismael

Martes, agosto 5th, 2008

Se llama Ismael y estudio conmigo la EGB.

No era un buen estudiante pero tampoco era un pieza… pero lo que recuerdo de él es que era el que corría más rápido de toda mi clase. En gimnasia era el primero en carrera y marcaba tiempos por debajo de los 15 segundos en los 100m.

Pero lo que me fascinaba era el motivo por el cual el resto de chavales justificábamos su velocidad. Ismael era tan rápido porque nació con los pies por delante.

la invitación (24)

Domingo, septiembre 23rd, 2007

Ayer por la noche, en ese momento que es muy tarde y muy temprano a la vez, me invitaron a participar en una orgía el fin de semana que viene… y yo sólo pude pensar en el chiste.

Yo, anoréxico (cuento inconcluso)

Domingo, agosto 19th, 2007

¿Queréis saber como me convertí en anoréxico?

Un día decidí que a partir del día siguiente no comería más. Así de simple. Una decisión como otra cualquiera.

Pesaba unos 20 kilos por encima del llamado peso ideal y no me gustaba cuando me miraba al espejo, cuando me sentaba, cuando me estiraba en la cama, cuando me miraba en un foto, cuando me masturbaba. Me repugnaba mi cuerpo. Y tome la decisión, no comería más.

Después puedes justificar la decisión como mas te apetecezca. Los kilos extras te perjudican a la salud: colesterol, azúcar, problemas coronarios, eres menos activo, los huesos y tus articulaciones se resienten. Eres menos apetecible físicamente y te conviertes en un espécimen no apto para la reproducción, es más: te cuesta encontrar trabajo, mantener el que tienes o ascender o conseguir un aumento de sueldo. Y tu cerebro se embota, se convierte en algo tan pesado como tu cuerpo, tiendes a la depresión, lo del gordo contento y feliz es mentira, los gordos no son más felices sino más apacibles porque la ira y rabia gastan calorías y el cuerpo de los gordos esta entrenado para no hacerlo.

Así que al día siguiente no comería nada, ni al otro, ni al otro. Solo agua.

Al levantarme recuerdo que estaba contento, me salude en el espejo y me dedique una de mis mejores sonrisas y me despedí: adiós. Podría decir que te echare de menos pero no es así.

El primer día fue fácil, solo tuve hambre a horas intempestivas, a eso que se llama “comer entre horas” o “picar”. A media mañana, a media tarde pero no a la hora del desayuno o de la comida. La hora de la cena fue la mas complicada de superar y la noche. La primera noche, en la oscuridad, dentro de la cama el estomago empezó a reclamar su dosis de comida. Como el que rellena crucigramas y autodefinidos para tener ocupado su cerebro. Conseguí dormirme.

Al día siguiente fue mejor. Las horas pasaban tranquilamente y aunque el estomago seguía quejándose a destiempo, yo seguía bebiendo solo agua. Y al final de la noche no sentía nada, ni ansiedad, ni retortijones, el estomago ni siquiera se movía. Se había calmado, relajado totalmente. El tercer día fue el más feliz de mi vida, en ningún momento sentí hambre o ganas de comer. Simplemente podía pasar sin comer.

Eso es lo que pensaba, justo cuando me desperté y me senté en el lavabo a hacer de vientre. Justo empecé a defecar mi estomago pareció volverse del revés. El dolor fue tan intenso que me caí al suelo, aun así estirado en el suelo frío mi cuerpo ardía. Empecé a vomitar a la vez que seguía defecando un liquido que no se podía llamar heces.

Todos mis jugos gástricos, todos los restos de mis digestiones pasadas, toda mi flora intestinal, bilis y salían por mi ano y por mi boca, dejándome vacío, quemándome. Incluso después de vaciarme por dentro seguía teniendo espasmos y arcadas, al final me desmaye teniendo contracciones.

Amanecí rodeado en un mar agrio y maloliente con calambres en mi estomago. Al ponerme de pie crují, todas mis articulaciones y todos mi órganos parecían bolas de papel. Simplemente me deje caer en la ducha y abrí el agua fría. Deje que el agua me regara y me limpiara el cuerpo aunque cada gota era una aguja helada que dejaba un rastro como de metal fundido.

Ese día no pude nada mas que llegar a la cama y quedarme en posición fetal, respirando poco a poco, como un gusano dentro de su capullo de seda aunque en mi caso en vez de hilos de fino tacto mi capullo estaba hecho de sudor frío y maloliente. Lloraba. Después de llorar todo el día ya no tenia ningún tipo liquido dentro de mi.

Y me volví a desmayar. En mis sueños aparecían nubes de tormenta, relámpagos y truenos que me hacían temblar y volar de una lado para otro. Cada vez mas fuertes, cada vez mas lejos, hasta que por fin uno de ellos me destrozo en mil pedazos. Supongo que mi cuerpo envió al cerebro la noticia de que había muerto y mi cerebro me lo hizo saber con titulares y dolbysorround.

Amanecí y a mi alrededor todo parecía nuevo. Los colores y los olores de las cosas eran diferentes. Probé a erguirme y me pude sentar sin dolor. Mi cuerpo desnudo reacciono al frío y todo yo temblé, pero se paso.

Me levante, fui al lavabo y me mire al espejo. Tenia la cara marcada por las ojeras y después de cinco días sin comer se empezaba a notar algún signo de delgadez. Me acerque a la cocina y me llene una jarra de agua. Bebí un sorbo y no paso nada, bebí un poco mas y al final poco a poco pero sin pausa acabe con toda la jarra. No paso nada, salvo que mi estomago dejo pasar todo el contenido y relleno todos los huecos de mi intestinos como si fueran unas cañerías viejas. Mi uretra se lleno y sin querer me mee. Pero no hubo dolor.

Los días siguiente pude controlar mi pipí y podía beber agua sin despertar al monstruo del hambre. En esos días empecé a sentirme mejor. Mi cuerpo empezó a utilizar sus reservas y a optimizar su consumo. Estaba más despierto y más rápido que nunca.

Pero empezaron otros problemas.

Lo primero fue decidir que podía o no podía hacer. Estaba claro que solo podía beber agua, nada de alimentos sólidos ni zumos, refrescos o infusiones. Pero, ¿podía usar el champú enriquecido con siete vitaminas y minerales que retrasaban la caída del pelo alimentándolo desde las raíces?¿y el gel al te verde?¿y la pasta de dientes con flúor y calcio?

Después como poder evitar situaciones que implicaban comer: los desayunos en la empresa, las comidas familiares, el quedar para tomar unos pinchos, la cerveza o el combinado en la discoteca. No podía permitirme esas situaciones y empecé a crear toda una telaraña de excusas y respuestas para evitar todo ese tipo de situaciones. Fue de forma tan natural que nadie se dio cuenta que en varios meses no me habían visto comer. Es verdad que tuve que dejar de frecuentar ciertas amistades (gordos obesos obsesionados con el comer) y que no podía permitirme relaciones intimas salvo encuentros fortuitos y esporádicos (igualmente al mes de no comer ya no eyaculaba ya que mi cuerpo decidió que generar semen era una perdida de recursos necesarios)

Perdí peso, primero de forma estable. Cada semana perdía unos 750gr. Después de perder 15 kilos, me estanque. Mi cuerpo no podía mantener la perdida de peso y seguir en marcha cada día. Empecé a notarme enfermo, cansado pero a la vez sufría de insomnio. Seguía perdiendo peso de forma residual. En unos ocho meses perdí mas de veinte kilos. Pero ya era demasiado tarde, decidí seguir sin comer y nunca mas recuperar gramos perdidos…

al borde del acantilado

Lunes, agosto 13th, 2007

Al borde del acantilado, el mar se sentía como una bestia herida de muerte respirando pesadamente.

Y aunque el cielo era gris plomo para mi no había tono de azul más vivo que ese porque ella estaba allí a mi lado.

– Sabes, – dijo casi susurrando mientras se intentaba quitar el pelo de su cara – el mar es eterno en su movimiento. Yo quiero ser como el mar, eterna, y volver una y otra vez a estar contigo.

– Yo también, – dije mirando el mar reflejado en sus ojos, oyendo el rugir del mar – como las olas chocando contra el acantilado.

Nos besamos y su boca sabia a sal. Y con los ojos cerrados notaba como las olas chocaban con mis labios. Y nuestros corazones eran acantilados y nosotros eramos las bestias heridas.

Y el aire empezó a rugir con mas fuerza, empujándonos, pero no nos separamos y seguimos besándonos abrazados mientras caíamos.

la otra alicia

Viernes, abril 27th, 2007

Alicia empezaba a estar muy cansada de permanecer junto a su hermana en la orilla, y de no hacer nada; una vez o dos había echado una mirada al libro que su hermana estaba leyendo, pero no traía estampas ni diálogos; y “¿de qué sirve un libro”, pensó Alicia, “si no trae estampas ni diálogos?”.

Alicia en la orilla

Así que estaba deliberando en su interior (lo mejor que podía, ya que el día caluroso la hacia sentirse muy soñolienta y atontada) si el placer de trenzar una cadena de margaritas merecía la molestia de levantarse a coger las margaritas, cuando de pronto llegó junto a ella un conejo blanco de ojos rosados.

No había nada de particular en aquello; ni considero Alicia que fuese muy excepcional oír al Conejo decirse a si mismo: “¡Dios mío!¡Dios mío!¡Voy a llegar demasiado tarde!” (al pensar en ello más tarde, se le ocurrió que debía haberle extrañado una cosa así; sin embargo, en aquel momento le pareció la mar de natural); pero cuando el Conejo se sacó un reloj del bolsillo del chaleco, lo consultó, y luego reanudó apresuradamente la marcha, Alicia se incorporó de un brinco, ya que se le ocurrió que jamás había visto un conejo con un bolsillo de chaleco, o con un reloj que sacar de él; y, muerta de curiosidad, echó a correr tras él por el prado, justo a tiempo de ver cómo se metía por una gran madriguera bajo el seto.

Alicia y Conejo

Un instante después se coló Alicia también, sin parase a pensar cómo saldría.

Y casi se comió al conejo que estaba parado justo delante de ella. Justo mientras Alicia se sentaba en el suelo, el Conejo le pregunto: “¿Pero tu no eras rubia?”

Anotación al margen: El texto es el inicio real de Alicia en el País de las Maravillas, yo solo he añadido la ultima frase. La imágenes son obra de Joshua Middleton (simples bocetos dice el gacho en su blog) y dedico este post a Manu Pigmalión (le debo una historia sobre la Princesa Frambuesa) se que le gusta la niña repelente rubia (a mi me gustaba más la Alicia exuberante)

tú eres caperucita y yo soy el lobo

Viernes, febrero 16th, 2007

¿Sabíais qué a veces visito el Empire State Building? Hacia tiempo que no lo hacia porque la ultima vez tuve un pequeño susto (y una grata sorpresa, hay que decirlo todo ).

Esta vez llegue sin problemas a la planta nº 90 y me encamine hacia mi pequeña oficina. El pasillo estaba oscuro pero la alfombra del suelo era agradable y no tení­a miedo. De repente la vi tumbada en el suelo, apoyada en la pared.

Keira Red Hood

Tengo que decir tarde unos segundos en reconocerla pero mi cerebro infantil la reconocí: era Caperucita Roja.

Y sonreí­ de nuevo porque me gusta la Caperucita Roja. Me gusta porque me hace sentir el Lobo y eso me hace sentir bien.

La sonrisa del lobo, su mirada, es de las que más me gustarí­a tener en esta vida. Y decir: “Tú eres caperucita y yo soy el lobo”.

la petite chaperon rouge

Me acerque, le di la mano, la ayude a levantarse y le pregunte si se habí­a perdido. “Si, iba camino…” dijo ella, “… a casa de su abuela” añadí­ yo y ella puso cara de sorpresa. “Es por ese pasillo, al final coja de nuevo el ascensor y suba hasta la planta 102″ le dije tranquilamente. Pensé si se verí­an mis colmillos. Ella bajo la mirada un poco y miro por el pasillo que le habí­a indicado. Se giro y me dijo un suave “Gracias”. Y se fue.

Yo volví­ a sonreí­r otra vez, para mi, para notar si mis colmillos estaban afilados y entre en mi oficina con ganas de escuchar a Wagner y de invadir Polonia.

Anotación al margen
: Feliz Carnaval y no duden en disfrazarse que al menos una vez al año podemos ser eso que nos gustaría ser durante el resto del año. Caperucita o Lobo :);):P

Opz!! (5)

Domingo, noviembre 12th, 2006

Os contare una historia.

Había una vez una niña que vivía con sus tíos en Kansas, se llamaba Dorothy y tenia un perro que se llamaba Totó.

Un día un tornado se llevo la casa de Dorothy por los aires y aterrizo en un sitio que no era Kansas. Al caer la casa de la niña mato a la bruja malvada del este y la bruja buena del norte le regalo sus zapatos mágicos y le indico que fuera a ver al Gran Mago de Oz en la Ciudad Esmeralda. Para eso solo tenia que seguir el camino de baldosas doradas.

Por el camino se encontró a un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león cobarde.

Al llegar la noche durmieron en un bosque agradable. El hombre de hojalata se despertó y con su hacha descuartizo a Dorothy y le extirpo el corazón.

Se preguntan por qué.

Pues porque al espantapájaros no se le podía ocurrir extirparle el cerebro porque no tenia cerebro para ocurrírsele y el león no sabia donde esta el valor y tampoco se atrevería. Además el hombre de hojalata no sintió ningún tipo de emoción al hacerlo.

el hombre de hojalata encuentra un corazón

Nota al margen: La ilustración que acompaña a este minicuento (y que lo inspira) es de Vincent Nguyen y pertenece al “reto” sobre el Mago de Oz que realizaron los chicos del BlueSky Studios hace un par de semanas.